1 septiembre, 2016

Mariana González Roberts

Mar_dentro

Nací en la Patagonia argentina, al sur del sur, descendiente de galeses que viajaron hasta allí para no perder su lengua y su religión y de un andaluz bailaor de flamenco de quien nunca supimos qué hacía por allí. Honrar la tradición y amar el misterio son mis herencias.

Aunque adoro estudiar, todo lo que sé lo he aprendido realmente en la práctica. Soy maestra, no sólo porque tenga una titulación, sino porque es lo que siento que sé hacer. En todos los ámbitos en los que he trabajado siempre he acabado enseñando. Trabajo con grupos y me he especializado en entrenar la escucha activa a través del trabajo con el cuerpo, el mío y el de los demás.

Mi habilidad es acompañar procesos y experiencias que ayuden a parir nuevos conocimientos desde el interior de cada persona.

He trabajado en todos los ámbitos del teatro desde los trece años. Primero como actriz y, con veinticuatro años, comencé a dirigir y producir espectáculos, encuentros y equipos técnico-creativos. Con el teatro he viajado y colaborado con gente de diversos países. He aprendido a trabajar en equipo y a vivir en comunidad. He gestionado conflictos grupales e internos y, muchas veces, he salido herida de ellos, lo que me ha dado la posibilidad de crecer a partir de mis propios errores.

En medio estudié Historia y conecté con la importancia del desarrollo de un pensamiento crítico sobre los relatos que nos cuentan y contamos. Desde los once años desarrollé un compromiso político con mi entorno, primero como presidenta en los centros de estudiantes de mi cole y de mi instituto de enseñanza secundaria, luego como militante y responsable de diversas agrupaciones políticas y más tarde como creadora de espacios comunitarios que, a través del arte, recuperan lazos e identidades y cuestionan las formas de vinculación desvinculada de nuestras sociedades. También me impliqué en organizaciones feministas y trabajo desde hace más de veinte años con grupos de mujeres de todo el mundo acompañándonos a recordar nuestro poder.

Canto desde que tengo uso de razón, cuenta la leyenda familiar que mi madre una vez me escuchó tararear en la cuna la canción que ella cantaba para dormirme. Con cinco años participé en mi primer coro y ya nunca paré. El uso de la vibración de la voz para dar salida y entrar en relación con nuestras emociones es una de mis áreas preferidas de trabajo tanto individual como colectivamente. Creo que la voz es la corriente en la que viaja nuestro poder personal hacia fuera. Conocerla y desarrollarla amplifica nuestro lugar en el mundo, despierta nuestro potencial y nos da una profunda felicidad.

Siempre me ha impresionado la capacidad humana para superar los obstáculos y las miles de formas creativas que encontramos para sobrevivir al dolor. La dimensión espiritual de estas respuestas me ha llamado la atención desde muy pequeña. Cantar ha sido mi particular forma de oración. Con veinte años comencé mis prácticas de meditación, tai chi y reiki y, poco después, mi trabajo personal en la Escuela de Gurdjieff. Desde ese momento mantengo, hasta el día de hoy, mi intención de estar cada vez más presente.

El mundo necesita que demos un giro hacia un tipo de sociedad que sustente la vida. Quiero colaborar en este cambio. Mi hija es un motor permanente y amoroso para empeñarme en este deseo.